«¿Cuánto cuesta abrir una tienda?» no tiene una respuesta única, y quien te dé una no está hablando de tu tienda. El alquiler cambia de calle a calle, la reforma depende del estado del local, el precio de un frigorífico depende de si es nuevo o de segunda mano. Pero hay algo que sí es igual en todas partes: la ESTRUCTURA de los costes.
Esto importa porque la mayoría de las tiendas nuevas no fracasan por haber pagado más de lo previsto por las estanterías. Fracasan porque faltaba un grupo entero en el cálculo, y el hueco aparece cuando ya no queda nada con lo que taparlo.
Los cuatro grupos de costes
| Grupo | ¿Qué entra aquí? | ¿Cuándo se paga? |
|---|---|---|
| Inversión inicial | Reforma, estanterías, frigoríficos, caja, rótulo, fianza | Antes de abrir, de una vez |
| Costes fijos mensuales | Alquiler, suministros, salarios y cotizaciones, gestoría, seguros | Todos los meses, haya la facturación que haya |
| Stock de apertura | La primera carga — y lo que hay que reponer después | Antes de abrir, y luego de forma continua |
| Reserva de trabajo | Lo que paga los costes fijos hasta que la tienda gane | En silencio, mes tras mes |
La diferencia entre ellos no es un detalle contable. El primero duele una vez, el segundo cada mes, el tercero mantiene la mayor parte de tu dinero parado en la estantería, y el cuarto es el único que no aparece en ninguna parte — y sin embargo decide si tendrás tiempo de conocer tu propia tienda.
1. La inversión inicial
Es el grupo que todo el mundo repasa, porque se ve: objetos concretos con precios concretos. Tiene dos trampas.
- Una fianza no es un gasto, sino dinero inmovilizado — pero en la apertura falta de tu cuenta exactamente igual que un pago.
- En los frigoríficos el precio de compra es la partida menor: con los años la electricidad cuesta más que la máquina.
- En cualquier reforma aparece algo solo cuando empiezas a desmontar. Eso necesita su propia línea, no optimismo.
- El equipo de segunda mano puede ser una buena compra, pero el transporte, la instalación y la falta de garantía forman parte del precio.
- Todo lo que el día de la apertura no funciona no es una inversión, sino facturación perdida.

2. Los costes fijos mensuales
Es la cifra que tienes que pagar todos los meses aunque no entre ni un cliente. Anótala partida por partida y multiplícala por doce: el número anual dice mucho más que el mensual.
De ahí sale tu indicador más importante: cuánto margen tienes que generar cada mes para cubrir gastos. Cuando conoces tus costes fijos y sabes aproximadamente con qué margen medio trabaja tu tienda, la facturación necesaria está a una división de distancia — y a partir de ahí es un objetivo, no una sensación.
3. El stock de apertura
El error de apertura más común es dejar que el tamaño de la estantería decida el pedido: «que esté llena». Pero una estantería llena no es el objetivo, es un medio — y tu dinero está ahí hasta que se venda.
La pregunta correcta va al revés: no cuánto cabe, sino en cuántos días se vende un producto. Si se vende uno a la semana, no necesitas doce. Esas once unidades no son stock, sino dinero parado — y la caducidad juega en su contra.
En la apertura no tienes datos propios de ventas — precisamente por eso conviene empezar con menos surtido del que permitiría el espacio. Tras dos semanas tendrás tus propias cifras, y a partir de ahí pedirás según lo que tus clientes se llevan de verdad, no según lo que sugiere el proveedor.

4. La reserva de trabajo — la que casi todos se dejan
Este grupo no compra nada, por eso es fácil olvidarlo. Y sin embargo es el único que compra tiempo: los pocos meses en los que la tienda aprende quiénes son sus clientes y los clientes aprenden dónde está la tienda.
Una tienda nueva no alcanza su facturación estable la primera semana. La curiosidad de la apertura se apaga y la clientela fija se construye a lo largo de meses. Entre ambas cosas hay un tramo en el que la tienda ya funciona pero todavía no cubre sus costes fijos. Ese tramo hay que pagarlo de alguna forma — y si no hay dinero apartado, lo sacarás del stock, lo que hunde justo aquello que debería estar creciendo.
El plan de 90 días
El objetivo de los primeros tres meses no es el beneficio. El objetivo es que el día ochenta SEPAS algo que no sabías el día de la apertura: qué te compra la gente, cuándo viene y qué simplemente se queda parado.
- 1Las semanas antes de abrir: haz que la tienda sea medibleDa de alta los cincuenta productos más importantes con códigos cortos, monta el cierre diario y decide quién anota qué. Si esto se deja para después de abrir, no pasará nunca: en las semanas siguientes no hay tiempo para ello.
- 2Días 1–30: anótalo todo, no cambies nada de sitioEl primer mes es recogida de datos. No cambies las estanterías, no hagas promociones, no amplíes el surtido. Lo que cambie ahora no se podrá separar después.
- 3Días 31–60: mira qué se vende y qué se quedaYa tienes tus propias cifras. Encuentra los veinte productos que traen la mayor parte de la facturación y los que no han vendido ni una unidad en un mes. Estos últimos son tu estantería más cara.
- 4Días 61–90: cambia una sola cosaReduce el surtido que no se vende y da el espacio liberado a donde hay demanda real. Cambia una cosa y déjala en paz dos semanas: así es como aprendes si ha funcionado.
- 5Después del día 90: mantén diez minutos recurrentesUna vez al mes mira las mismas cuatro cifras: facturación, beneficio, mermas y los más vendidos. Esos diez minutos valen más que un gran análisis anual.
Qué no hacer al abrir
- No pidas un surtido amplio «por si acaso»: la mercancía parada es el error de apertura más caro que existe.
- No intentes bajar el precio de las grandes cadenas. Su precio viene de su volumen, no de su astucia; esa carrera no se puede ganar.
- No dejes el registro para «cuando haya tiempo». Los datos del primer mes no se recuperan después.
- No te olvides de las mermas y del consumo propio: en la apertura ambos son más altos de lo que volverán a ser nunca.
- No publiques un horario que no puedas cumplir. La fiabilidad es lo único que puedes ganarle barato a una cadena — y lo más fácil de perder.
Así que el coste de abrir no es una cifra sino cuatro — y la mayoría de las tiendas tropieza porque la cuarta, la reserva de trabajo, nunca se contó. Cualquier buen asesor repasará contigo las tres primeras; nadie salvo tú preguntará de qué vives mientras la tienda aprende quiénes son sus clientes.
La otra cosa que se decide en el momento de abrir, sin que nadie se dé cuenta, es si más adelante habrá algo con lo que trabajar. El día noventa la pregunta más importante será qué se vende y qué se queda — y a eso solo hay respuesta si se anotó desde el primer día.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dinero necesito para abrir una tienda pequeña?
No hay una cifra única, porque el alquiler, el estado del local y el surtido lo condicionan todo. Lo que sí puede decirse es que hay que contar cuatro grupos separados —inversión inicial, costes fijos mensuales, stock de apertura y reserva de trabajo— y que la estimación siempre debe construirse partida por partida, no como una suma redonda.
¿Cuánto stock de apertura necesito?
Menos del que cabría en la estantería. El objetivo no es una estantería llena, sino tener de cada producto lo justo para venderlo en unas semanas. En la apertura no tienes datos de ventas, así que conviene empezar corto y ampliar a las dos semanas con tus propias cifras.
¿Cuánto tarda en arrancar una tienda nueva?
La facturación del primer mes todavía la impulsa la curiosidad de la apertura, así que no es el nivel real. La clientela fija se construye a lo largo de meses, así que nunca planifiques la reserva de trabajo para un solo mes: tiene que cubrir el tramo en el que la tienda ya funciona pero aún no cubre sus costes fijos.
¿Qué facturación necesito para cubrir gastos?
Divide tus costes fijos mensuales entre el margen medio de la tienda. El resultado es la facturación mensual por debajo de la cual pierdes dinero. Conviene calcularlo antes de firmar el contrato de alquiler.
¿Merece la pena empezar con equipo de segunda mano?
A menudo sí, pero el precio de compra es solo una parte de la partida: el transporte, la instalación, la falta de garantía y, en los frigoríficos, la electricidad forman parte de ella. El consumo anual de un frigorífico viejo puede superar fácilmente lo que pagaste por él.
¿Qué debo medir el primer mes?
Cuatro cosas: facturación diaria, ventas por producto, mermas y consumo propio. Con esas cuatro basta para que el día treinta puedas decir qué sostiene la tienda y qué se queda en la estantería. Los cambios de sitio y las promociones, para el segundo mes.
¿Cuándo debo ampliar el surtido?
Cuando tengas datos de qué se vende, así que como pronto al cabo de uno o dos meses. Un producto nuevo siempre le quita el sitio a otro que ya está, así que conviene retirar primero aquello de lo que no se ha vendido ni una unidad en un mes.
¿Necesita una tienda pequeña un contable?
Las cuentas y las declaraciones conviene dejarlas a un profesional. Pero lo que necesitas saber durante el día —qué se vende, qué se queda, qué se ha estropeado— no te lo dirá tu contable, porque no es su trabajo y además lo ve semanas más tarde.
Desde el primer día, trabaja con números en vez de con impresiones.
Boltom App muestra qué se vende, qué se queda y cuánto queda desde el día de la apertura — así tu plan de 90 días se convierte en una medición y no en un recuerdo.
- Facturación y beneficio diarios por producto: ya en la primera semana ves qué sostiene la tienda.
- Mermas y consumo propio por separado, en dinero: la mayor pérdida oculta de las semanas de apertura.
- Cierre de turno con fondo de caja inicial: cerrar el día son cinco minutos, no una tarde entera buscando.
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